Ese era el lema del legendario personaje radial de los años sesenta, el Comisario de Cerro Mocho, creación del humorista Roberto Barri, donde campeaba la ignorancia y la benigna corrupción de aldea. Pero Parque del Plata no era Cerro Mocho, y el ingenuo comisario fue depuesto por creerse su papel y callado por el disciplinado silencio , condenado el prudente olvido.
“Queremos mandarle un mensaje a la población de que en el país, en un gobierno del Partido Nacional se fortalecerá el sentido de la autoridad, el ejercicio de la autoridad, y dentro de la legalidad y con cumplimiento estricto de las normas el Ministerio del Interior, la Policía, y todos los organismos relativos a la seguridad”, expresó el ex -presidente L .A. Lacalle en plena campaña para su reelección presidencial.
Y decimos reelección, por si alguien no recuerda, que ejerció ese cargo entre 1990 y 1995. Y fue en ese ejercicio de la presidencia que nos dio una muestra de lo que es un presidente escapista a las responsabilidades del mando. Quedó aplazado en su examen de competencia al enfrentarse al caso Berríos, en el cual, no solo hubo participación probada de militares de alto rango, de los servicios de Inteligencia del Estado, puestos a las órdenes de agentes de inteligencia foráneos, acto que puede equipararse al de traición a la patria, porque expone a la República a posibles represalias internacionales, mas aunque fuera el simple escarnio internacional de servir de base de operaciones para criminales extranjeros.
Mientras el presidente Lacalle visitaba Inglaterra, donde entre otras cosas, le mostraban las instalaciones de Seagran, donde se producen la gran mayoría de los alcoholes escoceses, aquí un ciudadano chileno, Eugenio Berríos, era asesinado.
Un gran operativo de inteligencia destinado a evitar que un testigo clave en el crimen del embajador de Chile en Estados Unidos, fuera a declarar a Washington, vinculando a Pinochet con ese atentado.
Pero, descubierta la intriga, todos cerraron filas para encubrir los hechos, eran ministros de Interior, Andrés Ramírez, defensa, Mario Britos y en la cancillería estaba Sergio Abreu, todos doctores en derecho. El último, en la sesión del 10 de junio del año 1993, se prestó a cerrar el caso mostrando un foto montaje enviado desde Milán por su cónsul, en el que se mostraba a Berríos leyendo un diario en la plaza, incluso , se presentaba una carta autografiada del químico por la cual se exculpaba a sus captores y que estaba con buena salud….Todo esto cuando ya el 15 de noviembre del año anterior, 1992, Berríos había escapado de sus captores y pedido auxilio en la Comisaría de Parque del Plata. Pero , por órdenes superiores, toda la cadena de mando se movió, sin conocimiento del ministro de defensa, el secuestrado fue devuelto a sus captores, luego de demostrar ante un psiquiatra forense que se encontraba en sus cabales, que no era un “loco suelto”, como aseguraban sus captores ante el comisario de Parque del Plata, etc. Etc. Todo esto está documentado en las actas de la sesión secreta del parlamento del 17 de junio de 1993:
“El Presidente Lacalle se hizo cargo cuando regresa el jueves 10 de junio, según lo expresa su vicepresidente, Gonzalo Aguirre:” "regresó al país el día jueves de la semana anterior -el 10 de junio- con determinada posición respecto a este asunto, y que no es la misma que ha resultado a la luz de los acontecimientos". "Y no lo es porque no podía precipitarse, imprudentemente, a tomar una decisión sin conocer la opinión de todo el espectro político nacional. Este tipo de decisiones donde juega el relacionamiento con la institución militar -con las que tanto problema hemos tenido desde el año 1973 y que, como se ha dicho en sala, aún no han terminado- no se deben adoptar de esa manera".
Y, el cónclave de dirigentes del partido rosa, el cogollo del proceso cívico militar, cerró filas para defender la impunidad de los guardianes del plan Cóndor en el país. Con ello generaron la mayor de las inseguridades jurídicas que puede darse en un grupo humano autoproclamado república, el mensaje fue el siguiente: La cofradía criminal del cóndor tiene las espaldas bien cuidadas. Nadie que intente presentarse a declarar ante tribunales de justicia civil, en cualquier lugar del mundo, llegará vivo a ellos. Sellaron el pacto de sangre, al punto de que los clubes militares los reúnen para pedirles por los oficiales implicados en este crimen que hoy compadecen ante la justicia chilena. Más aún, el ex vicepresidente de Lacalle, el Dr. Gonzalo Aguirre, presidente en ejercicio en el momento de los hechos, es hoy abogado defensor de los complotados en el crimen hoy detenidos en Chile…
Tienen pues el toupet de hablar de “ejercicio de la autoridad”, si cuando tuvieron la oportunidad de hacerlo fueron omisos, más que omisos, se volvieron encubridores y cómplices de todos los crímenes del proceso, conjugando todos los tiempos, pasado, presente y futuro.
Perdieron la única oportunidad de ejercer la autoridad, de dar seguridad ciudadana, respetabilidad jurídica al país, garantizaron la impunidad del crimen organizado en el país.
Simplemente nunca creyeron aquello de “mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana”, perjurando “el voto que el alma pronuncia”.
“Queremos mandarle un mensaje a la población de que en el país, en un gobierno del Partido Nacional se fortalecerá el sentido de la autoridad, el ejercicio de la autoridad, y dentro de la legalidad y con cumplimiento estricto de las normas el Ministerio del Interior, la Policía, y todos los organismos relativos a la seguridad”, expresó el ex -presidente L .A. Lacalle en plena campaña para su reelección presidencial.
Y decimos reelección, por si alguien no recuerda, que ejerció ese cargo entre 1990 y 1995. Y fue en ese ejercicio de la presidencia que nos dio una muestra de lo que es un presidente escapista a las responsabilidades del mando. Quedó aplazado en su examen de competencia al enfrentarse al caso Berríos, en el cual, no solo hubo participación probada de militares de alto rango, de los servicios de Inteligencia del Estado, puestos a las órdenes de agentes de inteligencia foráneos, acto que puede equipararse al de traición a la patria, porque expone a la República a posibles represalias internacionales, mas aunque fuera el simple escarnio internacional de servir de base de operaciones para criminales extranjeros.
Mientras el presidente Lacalle visitaba Inglaterra, donde entre otras cosas, le mostraban las instalaciones de Seagran, donde se producen la gran mayoría de los alcoholes escoceses, aquí un ciudadano chileno, Eugenio Berríos, era asesinado.
Un gran operativo de inteligencia destinado a evitar que un testigo clave en el crimen del embajador de Chile en Estados Unidos, fuera a declarar a Washington, vinculando a Pinochet con ese atentado.
Pero, descubierta la intriga, todos cerraron filas para encubrir los hechos, eran ministros de Interior, Andrés Ramírez, defensa, Mario Britos y en la cancillería estaba Sergio Abreu, todos doctores en derecho. El último, en la sesión del 10 de junio del año 1993, se prestó a cerrar el caso mostrando un foto montaje enviado desde Milán por su cónsul, en el que se mostraba a Berríos leyendo un diario en la plaza, incluso , se presentaba una carta autografiada del químico por la cual se exculpaba a sus captores y que estaba con buena salud….Todo esto cuando ya el 15 de noviembre del año anterior, 1992, Berríos había escapado de sus captores y pedido auxilio en la Comisaría de Parque del Plata. Pero , por órdenes superiores, toda la cadena de mando se movió, sin conocimiento del ministro de defensa, el secuestrado fue devuelto a sus captores, luego de demostrar ante un psiquiatra forense que se encontraba en sus cabales, que no era un “loco suelto”, como aseguraban sus captores ante el comisario de Parque del Plata, etc. Etc. Todo esto está documentado en las actas de la sesión secreta del parlamento del 17 de junio de 1993:
“El Presidente Lacalle se hizo cargo cuando regresa el jueves 10 de junio, según lo expresa su vicepresidente, Gonzalo Aguirre:” "regresó al país el día jueves de la semana anterior -el 10 de junio- con determinada posición respecto a este asunto, y que no es la misma que ha resultado a la luz de los acontecimientos". "Y no lo es porque no podía precipitarse, imprudentemente, a tomar una decisión sin conocer la opinión de todo el espectro político nacional. Este tipo de decisiones donde juega el relacionamiento con la institución militar -con las que tanto problema hemos tenido desde el año 1973 y que, como se ha dicho en sala, aún no han terminado- no se deben adoptar de esa manera".
Y, el cónclave de dirigentes del partido rosa, el cogollo del proceso cívico militar, cerró filas para defender la impunidad de los guardianes del plan Cóndor en el país. Con ello generaron la mayor de las inseguridades jurídicas que puede darse en un grupo humano autoproclamado república, el mensaje fue el siguiente: La cofradía criminal del cóndor tiene las espaldas bien cuidadas. Nadie que intente presentarse a declarar ante tribunales de justicia civil, en cualquier lugar del mundo, llegará vivo a ellos. Sellaron el pacto de sangre, al punto de que los clubes militares los reúnen para pedirles por los oficiales implicados en este crimen que hoy compadecen ante la justicia chilena. Más aún, el ex vicepresidente de Lacalle, el Dr. Gonzalo Aguirre, presidente en ejercicio en el momento de los hechos, es hoy abogado defensor de los complotados en el crimen hoy detenidos en Chile…
Tienen pues el toupet de hablar de “ejercicio de la autoridad”, si cuando tuvieron la oportunidad de hacerlo fueron omisos, más que omisos, se volvieron encubridores y cómplices de todos los crímenes del proceso, conjugando todos los tiempos, pasado, presente y futuro.
Perdieron la única oportunidad de ejercer la autoridad, de dar seguridad ciudadana, respetabilidad jurídica al país, garantizaron la impunidad del crimen organizado en el país.
Simplemente nunca creyeron aquello de “mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana”, perjurando “el voto que el alma pronuncia”.
Comentarios
Publicar un comentario