“El presidente de la Federación Agraria entrerriana Alfredo De Angeli en ese instante pronunció una frase ejemplar: “Hay que juntar a los empleados en las subirlos a la camioneta y decirles a quién hay que votar”.(Pagina 12-18/06/09)
Y fue exactamente lo que pasó, un gran despliegue de logística al servicio de los caudillejos, ñoquis desplazados de la teta del estado, locales, con trabajos previos de oferta de empleos, perdón de deudas con el estado, que en caso de ganar serán “desaparecidas”. Ofertas de empleos en las cadenas de supermercados del ofendido por la travesura del “Z”, en fin, tocaron todos las teclas de su instrumental de seducción y extorsión.
Es en muchos casos una manifestación del abuso de poder al que están expuestos los “mas infelices”, en manifiestas situaciones de “poder dominante”. Pesó en este acarreo, la antigua cultura del acomodo, de la vieja tarjeta, que este gobierno intentó desterrar. Pero el que no existiera por parte del gobierno desterró de la práctica pero no de la memoria de muchos votantes. También está esa cultura del pequeño empresario ventajero, ese que apostaba en la perpetuación de las viejas prácticas corruptas, ahora “entre compañeros”. Y entonces vinieron las promesas de “blanquerar viejas deudas” y que, para chasco y asombro, en cuatro años no pudieron “arreglar”.
Y porque los oídos del pueblo son muy agudos, no es necesario acudir a “servicios de inteligencia”, el pueblo tiene sus propios mecanismos de vigilancia militante, podemos decir que así funcionaron muchos resortes de la vieja máquina de corrupción civil.
Y esto forma parte de lo peor de la herencia del coloradismo. Fue esa “cooparticipación” la que, a partir de 1917, comenzaría a corromper al partido blanco al punto de tornarlo indiferenciable con su histórico rival. Es que la máquina de chantaje cívico estaba bien montada, su denuncia le costó la vida a Washington Beltran en aquel célebre duelo a pistola con Batlle. El arreo de prostitutas de los burdeles, de los milicos cuarteleros, de maestras y funcionarios públicos, las balotas electorales a los rusos de San Javier que no hablaban el idioma, etc. Pero nada puede detener la gangrena cívica cuando esta marca las reglas de juego. Así pues durante medio siglo largo se hizo carne en los orientales la cultura de “la tarjeta”, “el arreglo”, que pesa en el comportamiento de todos, sin excepciones. Degeneración colectiva de esta mentalidad, lo constituye nuestro acendrado corporativismo, social y empresarial, atomizando por doquier a la sociedad, en plurales versiones del “hace la tuya”, que nos ha negado “hacer la nuestra” como nación.
Pero hay una esperanza, y son los jóvenes. Los “hijos del proceso”, esos que hoy tienen frisan treinta años, que acceden al mercado laboral exponiendo sus aptitudes y capacidades por Internet, con los cuales este gobierno ha demostrado que se podía renovar el aletargado e incapacitado aparato del estado, sin extorsiones, sin chantajes inmorales , solo compitiendo en capacidades y aptitudes. Y cuando estas son muchas, por suerte entre nuestra juventud, por limpios sorteos públicos.
El frente no acarreó la peonada en camiones, como los “pro” patrocinados por una oligarquía mercantil subdesarrollada y subdesarrollante. No se sintieron estimulados a ir a marcar su presencia, tal vez, algunos, se “durmieron en los laureles”, se fueron de vacaciones de invierno porque su resultado estaba ya cantado, no se jugaban nada. Así que a no asustarse por este arreo de peonadas al mejor estilo De Angeli
Un problema bien planteado es un problema medio solucionado, dicen los matemáticos. Bien, es Pepe o Cuqui.
Es ALUR o El Espinillar. Salud para pobres o Seguro Nacional de Salud. Plan Ceibal o FOCOEX.
Somos la única esperanza de “dignidad arriba y de regocijo abajo”. Y habrá PATRIA PARA TODOS.
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