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LA IMPERDIBLE LECCIÓN DE LA HORA

Los grandes aventuras, como la navegación oceánica, que posibilitara el descubrimiento de América, o la conquista espacial, por siempre ha sido responsabilidad de los estados.
Luego del descubrimiento no faltaron ofertas de particulares para armar expediciones hacia las Indias. A esos particulares a los que se les estimulaba con amplios dominios territoriales, los reyes daban lo que no tenían, pero la oferta de que dichas conquistas pudieran ser no solo para la vida del Adelantado, sino para la de sus herederos hasta “segunda o tercera vida”, como se solía acordar, era lo suficientemente tentadora como para aventurar empresas de conquista.
Luego, en pocas décadas, los Reyes volvieron por sus reales, haciéndose cargo de los dominios, nombrando Gobernadores, Virreyes e Instituciones de Justicia como las Audiencias, con las cuales los nuevos dominios tomaban las formas institucionales y legales de la metrópoli. La ambición podía conquistar un espacio territorial , pero no organizar una sociedad humana estable.
Las Compañías de Indias, tanto inglesas como Holandesas, fueron las primeras “multinacionales”, instrumentos de conquista y explotación de territorios en Indonesia, India y China. Sociedades mercantiles privadas, o mixtas con el estado, que armaban barcos, reclutaban mercenarios precediendo a los estados en la conquista de nuevos territorios. Luego, estas compañías fueron disueltas por los estados en aras de la organización definitiva de los territorios coloniales. Es decir que llegado el momento de la organización nacional sobre los territorios, el estado vuelve aparecer en escena, haciéndose cargo de la situación.
El gobierno norteamericano de Wilson, encontró a las excolonias españolas endeudadas con Europa, entonces obligó, aún a pérdida, a la banca privada a comprar la deuda externa de los países latinoamericanos como “corolario de la Doctrina de Monroe”, de “América para los (nort)Americanos”. Luego, sobre las ruinas de Europa y las cenizas de Hiroshima, se creó en Breton Woods, las bases de un sistema financiero imperial, organizando el FMI y el BM, organismos de aspecto estatal multinacional, pero bajo el férreo control del gobierno de la Unión.
Estos pequeños grandes ejemplos de la dualidad entre los intereses particulares de una nación y los estados que la regentean, nos dan perspectiva para ver el proceso de intervención estatal metropolitano ante esta crisis mundial.
La asunción de los estados al frente de las economías no es más que la repetición de un proceso secular y regularmente reproducido en la historia del expansionismo europeo desde quinientos años a la fecha. El estado entra al ruedo para abrir nuevos caminos.
Las multinacionales, con su catecismo liberal, la plutocracia encaramada en el Capitolio imperial durante décadas, crearon el espejismo de la “globalización capitalista”, postulando la virtual abolición de los estados, donde “el mercado”, tal como “el espíritu santo”, proveería riqueza infinita. Lo único infinito ha sido la polución del medio ambiente global y el hambre de los cuatro quintos de la humanidad.
El mundo en manos de las corporaciones recrea situaciones medivalizadoras, sociedades fisuradas, ciudades donde los ricos se encastillan tras los muros de sus ciudadelas cercados de hordas famélicas de excluidos. Son los tiempos de las guardias, policías y hasta ejércitos privados, campeando por las ciudades y territorios disputándose los recursos vitales. Una humanidad en camino a un holocausto masivo.
Si como decía Churchil, “que la guerra es un asunto muy serio para dejárselo a los militares”, ahora ha quedado claro también que la economía nacional, “es asunto muy serio para dejarlo librado a la iniciativa privada”. Militares y capitalistas sirven a objetivos nacionales o no tienen razón de ser.
Esto vale para Norteamérica, pero más para China o Brasil…
Para los patricios rioplatenses de “PRO república otaria”, imperdible lección de la hora.
3978c.e.Mario de Souza 8/6/09

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