“La decisión del juez chileno Alejandro Madrid de procesar a tres militares uruguayos y una veintena de chilenos por el asesinato en Uruguay del químico Eugenio Berríos en 1992, terminó por confirmar una serie de hechos en los que el Ejército uruguayo estuvo implicado luego de la dictadura.”
“Los oficiales Tomás Cassella Santos, Eduardo Radaelli Copolla, Wellington Sarli Pose fueron procesados en Chile por los delitos de "secuestro" y "asociación ilícita", ante las pruebas de su participación en el crimen de Berríos, pero el juicio en Chile deja aún abierta la responsabilidad institucional del Ejército uruguayo. Además de Berríos, otros dos militares prófugos de la justicia chilena, los mayores Carlos Herrera Jiménez y Arturo Sanhueza Ros, también estuvieron secuestrados en Montevideo bajo custodia militar uruguaya. Uno de ellos fue "hospedado" en la casa del propio oficial Wellington Sarli.
“La indagatoria chilena también evidencia la falta de voluntad política en Uruguay para esclarecer lo ocurrido, en la medida en que ningún documento o informe de Estado sobre el tema fue notificado, ni se dio una "explicación valedera" por la desaparición de la denuncia en la comisaría de Parque del Plata. La decisión del juez Madrid también deja constancia del incidente parlamentario uruguayo de 1993, en el que se mintió sobre la presencia de Berríos en Milán, y de los simples arrestos disciplinarios sufridos por Radaelli y Sarli y el relevo del jefe de Policía de Canelones, Ramón Rivas, pese a sus evidentes implicancias.
“Abreu fue quien dio lectura al fax recibido ese mismo día en el Consulado de Uruguay en la ciudad de Milán, con dos cartas, una manuscrita y otra a máquina y una fotografía en la que aparecía quien decía ser Eugenio Berríos, con un diario milanés en la mano de fecha 10 de junio. Un perito calígrafo después comprobó que la escritura y firma se correspondían con la de Berríos. En la carta, quien decía ser Berríos exculpaba a sus presuntos captores y aportaba supuestas pistas sobre su paradero final. “
“La sesión de las Comisiones de Constitución y Legislación y de Defensa Nacional del Senado, integradas, se extendió entre las 17.41 horas y las 21.21 horas. Allí comparecieron, además de los miembros de ambos cuerpos, los ministros de entonces de Defensa Mariano Brito, del Interior Juan Andrés Ramírez y de Relaciones Exteriores Sergio Abreu. “(*)
El 14 de abril del corriente años en el acto de homenaje a…¿las víctimas de Quinteros?, con la presencia de los coautores de la ley de caducidad, Julio Snguinetti y Gonzalo Aguirre, hoy defensor legal de los militares extraditados por el secuestro y asesinato de Berrios, se reclamó por la libertad de estos militares, considerando que su extradición era un acto de revanchismo del actual gobierno. Posición congruente con los escritos en las páginas weeb de los gremios militares.
Para los militares y los civiles del proceso, parece que la Ley de la Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, ingenioso artificio legal que solo pudo ocurrírsele al Dr. Aguirre, esta caducidad que, cuando caduca la vergüenza, es intemporal. Y no solo es intemporal, sino extra territorial, amparando también los crímenes realizados en Argentina, aquel 20 de mayo de 1976, en la persona de Zelmar , Toba y aquel matrimonio de refugiados en territorio Argentino.
. Pero, faltaba uno, el crimen postrero, y no dudan en reclamar también impunidad para el caso Berríos, como un acto de estado, “una quema de archivos ”, para tranquilidad de los cóndores viejos y sus polluelos.
Un “monstruario” de este “país de maravilla”, donde entre amigos se mandan vinos envenenados, se decreta desde las alturas el prolijo suicidio de un diestro zurdo, que se había ganado, en su corta carrera, el odio de poderosos correligionarios enemigos, a los cuales nadie investiga. En el entierro Volonté perdió la compostura, lanzando acusaciones que todos escucharon con cara de naipe, sepultando allí su carrera política con el muerto. Los oportunos antecedentes familiares, suicidio de la madre, en un país en que el suicidio, secreto a voces, ya es vocación nacional desde la década infame de los setenta, ¿quién se podría asombrar? Aquí es de orates, o de difuntos, cuestionar la versión oficial. Como dijo el poeta: “Los muertos que voz matáis gozan de buena salud”
“Los oficiales Tomás Cassella Santos, Eduardo Radaelli Copolla, Wellington Sarli Pose fueron procesados en Chile por los delitos de "secuestro" y "asociación ilícita", ante las pruebas de su participación en el crimen de Berríos, pero el juicio en Chile deja aún abierta la responsabilidad institucional del Ejército uruguayo. Además de Berríos, otros dos militares prófugos de la justicia chilena, los mayores Carlos Herrera Jiménez y Arturo Sanhueza Ros, también estuvieron secuestrados en Montevideo bajo custodia militar uruguaya. Uno de ellos fue "hospedado" en la casa del propio oficial Wellington Sarli.
“La indagatoria chilena también evidencia la falta de voluntad política en Uruguay para esclarecer lo ocurrido, en la medida en que ningún documento o informe de Estado sobre el tema fue notificado, ni se dio una "explicación valedera" por la desaparición de la denuncia en la comisaría de Parque del Plata. La decisión del juez Madrid también deja constancia del incidente parlamentario uruguayo de 1993, en el que se mintió sobre la presencia de Berríos en Milán, y de los simples arrestos disciplinarios sufridos por Radaelli y Sarli y el relevo del jefe de Policía de Canelones, Ramón Rivas, pese a sus evidentes implicancias.
“Abreu fue quien dio lectura al fax recibido ese mismo día en el Consulado de Uruguay en la ciudad de Milán, con dos cartas, una manuscrita y otra a máquina y una fotografía en la que aparecía quien decía ser Eugenio Berríos, con un diario milanés en la mano de fecha 10 de junio. Un perito calígrafo después comprobó que la escritura y firma se correspondían con la de Berríos. En la carta, quien decía ser Berríos exculpaba a sus presuntos captores y aportaba supuestas pistas sobre su paradero final. “
“La sesión de las Comisiones de Constitución y Legislación y de Defensa Nacional del Senado, integradas, se extendió entre las 17.41 horas y las 21.21 horas. Allí comparecieron, además de los miembros de ambos cuerpos, los ministros de entonces de Defensa Mariano Brito, del Interior Juan Andrés Ramírez y de Relaciones Exteriores Sergio Abreu. “(*)
El 14 de abril del corriente años en el acto de homenaje a…¿las víctimas de Quinteros?, con la presencia de los coautores de la ley de caducidad, Julio Snguinetti y Gonzalo Aguirre, hoy defensor legal de los militares extraditados por el secuestro y asesinato de Berrios, se reclamó por la libertad de estos militares, considerando que su extradición era un acto de revanchismo del actual gobierno. Posición congruente con los escritos en las páginas weeb de los gremios militares.
Para los militares y los civiles del proceso, parece que la Ley de la Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, ingenioso artificio legal que solo pudo ocurrírsele al Dr. Aguirre, esta caducidad que, cuando caduca la vergüenza, es intemporal. Y no solo es intemporal, sino extra territorial, amparando también los crímenes realizados en Argentina, aquel 20 de mayo de 1976, en la persona de Zelmar , Toba y aquel matrimonio de refugiados en territorio Argentino.
. Pero, faltaba uno, el crimen postrero, y no dudan en reclamar también impunidad para el caso Berríos, como un acto de estado, “una quema de archivos ”, para tranquilidad de los cóndores viejos y sus polluelos.
Un “monstruario” de este “país de maravilla”, donde entre amigos se mandan vinos envenenados, se decreta desde las alturas el prolijo suicidio de un diestro zurdo, que se había ganado, en su corta carrera, el odio de poderosos correligionarios enemigos, a los cuales nadie investiga. En el entierro Volonté perdió la compostura, lanzando acusaciones que todos escucharon con cara de naipe, sepultando allí su carrera política con el muerto. Los oportunos antecedentes familiares, suicidio de la madre, en un país en que el suicidio, secreto a voces, ya es vocación nacional desde la década infame de los setenta, ¿quién se podría asombrar? Aquí es de orates, o de difuntos, cuestionar la versión oficial. Como dijo el poeta: “Los muertos que voz matáis gozan de buena salud”
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