OPORTUNA DEPRESIÓN
Dice el economista Paul Krugman en su carta dirigida al presidente Obama:“Cuando la economía está en profunda depresión, uno tiene que dejar de lado las habituales preocupaciones acerca de déficits presupuestarios; FD.Roosvelt nunca logró hacerlo. Como resultado, fue demasiado precavido: el impulso que le dio a la economía entre 1933 y 1936 fue suficiente como para bajar el desempleo, pero no a los niveles pre-Depresión. Y en 1937 dejó que los guerreros del déficit lo afecten: aunque la economía todavía estaba débil, dejó que lo convenzan de recortar el gasto al mismo tiempo que subía los impuestos. Esto llevó a una severa recesión que deshizo mucho del progreso que la economía había logrado hasta ese punto. Tuvo que venir el enorme proyecto público conocido como Segunda Guerra Mundial – un proyecto que silenció al fin a los tacaños – para que la Depresión llegue a su fin.” Y en términos generales la nueva administración ha lanzado un paquete de presupuesto que en grandes líneas se plantea esto y mucho más. Pero antes de todo tuvo que salir al salvataje de los genios quebrados de la iniciativa privada que, allá y acá,, solo ven en el estado el paganini de la fiesta liberal. Rescate de los bancos pero no nacionalización, solo nacionalizar carteras podridas… Pero el mundo ya no es el de hace ochenta años y no se puede salvar una crisis mandando a los desocupados al frente de batalla y a los industriales transformarlos en proveedores de suministros bélicos. De aquella “obra pública”, que desembarazo de cuarto de millón de trabajadores a los seguros de desempleo, que quedaron en los campos de batalla de los cinco continentes, vino la “pax americana”, la gigantesca era de prosperidad indefinida, a partir de los años cincuenta.
La segunda guerra mundial significa el ocaso de Europa, la descolonización de Asia y África. De aquella China a la que los cañones de la Reina Victoria impusieron el tráfico de Opio,a la China de Mao y sus herederos los neo comunistas del siglo XXI, va la distancia del ábaco al P.C, de la pólvora a la bomba atómica. Y ya no es posible ignorar esta realidad, no es posible burlar al mayor tenedor mundial de títulos del estado norteamericano, el estado Chino. El valor de los títulos de Tío Sam, y con ello la capacidad de captar recursos para salvar la crisis, depende de la buena voluntad, de la confianza, que demuestre en esos valores China.
Ya no es posible salir de la depresión mediante la guerra. De ésta no se sale peleando contra el mundo. En las condiciones actuales una guerra no tiene ganadores, y en todo caso, por la simple ley de probabilidades, los sobrevivientes hablarán mandarín.
Este capitalismo neoplasmático, ultra liberal, ha dejado postrado a su principal huésped, la sociedad norteamericana. Porque, como el cáncer, el liberalismo, es una falla de crecimiento armónico de la sociedad. No ha de ser fácil la tarea, extirpar este programa, que llamamos ideología, pero que se comporta como un virus de computadora, con una lógica perversa que bloquea muchas mentes, afectando la toma de decisiones políticas.
Adviene un mundo mucho más racional, donde la planificación de las políticas universales han de ser consensuadas, se acabó el “dejar hacer dejar pasar”, propaganda de la piratería mercantil decimonónica.
Sólo los apegados a sus vicios ven en esto solo síntoma de crisis, y no la oportunidad para superar los vicios de funcionamiento de nuestras sociedades, que hacen incompatibles vida y civilización industrial. Es la oportunidad para rever nuestras fuentes de energía, flujos de bienes y formas desarrollo humano sustentable.
Solo la mediocridad puede deprimir a la oportunidad.
Dice el economista Paul Krugman en su carta dirigida al presidente Obama:“Cuando la economía está en profunda depresión, uno tiene que dejar de lado las habituales preocupaciones acerca de déficits presupuestarios; FD.Roosvelt nunca logró hacerlo. Como resultado, fue demasiado precavido: el impulso que le dio a la economía entre 1933 y 1936 fue suficiente como para bajar el desempleo, pero no a los niveles pre-Depresión. Y en 1937 dejó que los guerreros del déficit lo afecten: aunque la economía todavía estaba débil, dejó que lo convenzan de recortar el gasto al mismo tiempo que subía los impuestos. Esto llevó a una severa recesión que deshizo mucho del progreso que la economía había logrado hasta ese punto. Tuvo que venir el enorme proyecto público conocido como Segunda Guerra Mundial – un proyecto que silenció al fin a los tacaños – para que la Depresión llegue a su fin.” Y en términos generales la nueva administración ha lanzado un paquete de presupuesto que en grandes líneas se plantea esto y mucho más. Pero antes de todo tuvo que salir al salvataje de los genios quebrados de la iniciativa privada que, allá y acá,, solo ven en el estado el paganini de la fiesta liberal. Rescate de los bancos pero no nacionalización, solo nacionalizar carteras podridas… Pero el mundo ya no es el de hace ochenta años y no se puede salvar una crisis mandando a los desocupados al frente de batalla y a los industriales transformarlos en proveedores de suministros bélicos. De aquella “obra pública”, que desembarazo de cuarto de millón de trabajadores a los seguros de desempleo, que quedaron en los campos de batalla de los cinco continentes, vino la “pax americana”, la gigantesca era de prosperidad indefinida, a partir de los años cincuenta.
La segunda guerra mundial significa el ocaso de Europa, la descolonización de Asia y África. De aquella China a la que los cañones de la Reina Victoria impusieron el tráfico de Opio,a la China de Mao y sus herederos los neo comunistas del siglo XXI, va la distancia del ábaco al P.C, de la pólvora a la bomba atómica. Y ya no es posible ignorar esta realidad, no es posible burlar al mayor tenedor mundial de títulos del estado norteamericano, el estado Chino. El valor de los títulos de Tío Sam, y con ello la capacidad de captar recursos para salvar la crisis, depende de la buena voluntad, de la confianza, que demuestre en esos valores China.
Ya no es posible salir de la depresión mediante la guerra. De ésta no se sale peleando contra el mundo. En las condiciones actuales una guerra no tiene ganadores, y en todo caso, por la simple ley de probabilidades, los sobrevivientes hablarán mandarín.
Este capitalismo neoplasmático, ultra liberal, ha dejado postrado a su principal huésped, la sociedad norteamericana. Porque, como el cáncer, el liberalismo, es una falla de crecimiento armónico de la sociedad. No ha de ser fácil la tarea, extirpar este programa, que llamamos ideología, pero que se comporta como un virus de computadora, con una lógica perversa que bloquea muchas mentes, afectando la toma de decisiones políticas.
Adviene un mundo mucho más racional, donde la planificación de las políticas universales han de ser consensuadas, se acabó el “dejar hacer dejar pasar”, propaganda de la piratería mercantil decimonónica.
Sólo los apegados a sus vicios ven en esto solo síntoma de crisis, y no la oportunidad para superar los vicios de funcionamiento de nuestras sociedades, que hacen incompatibles vida y civilización industrial. Es la oportunidad para rever nuestras fuentes de energía, flujos de bienes y formas desarrollo humano sustentable.
Solo la mediocridad puede deprimir a la oportunidad.
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